Vamos con la broma infinita
Llevo meses intentando terminar o más bien avanzar en la broma infinita. Al principio, cuando llevaba ochenta o cien páginas mi psicóloga me recomendó dejar la lectura, o por lo menos dejarla en stand by porque no me estaba haciendo bien. Era como una obsesión y terror. No sabía en qué iba a terminar la novela pero tenía/tengo la sensación de que, como el título sugiere o declara, será una broma. Y claro, me gustan mucho las bromas pero que la vida sea una broma es distinto. Ahora estoy en paz con eso, no me molesta pensar en que todo sea una broma, de hecho me parece lógico, pero en ese momento tenía miedo de que nada tuviera sentido y mi ego luchaba por encontrar algo a lo que aferrarse.
Pero ahora, después de un tiempo, de harta terapia y pastillas, he podido avanzar y con gusto, pero tampoco es fácil. Agarro el libraco y me dejo llevar pero hay partes muy tediosas que piden todo de mi concentración y mis intentos por entender de química, o reglas de juego, o notas extensas que apenas entiendo. Pero avanzo, lento, muy lento. De hecho, diría que hace más o menos un mes que lo pausé de nuevo por leer "El infinito en un junco", un ensayo sobre la invención de los libros que está bueno, pero no es una novela.
He decidido que hoy retomaré La broma infinita y que este blog me acompañará para anotar lo que me parece interesante o para que sea mi interlocutor con quien leo a la par el libro.
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